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La protesta social se expresó con formas de acción, si no totalmente nuevas, sí con contenidos distintos. Contenidos que reflejaban una sociedad en proceso de cambio.

La ocupación de empresas como método para mantener la continuación de la huelga, que se utilizó con frecuencia durante los Sucesos, tenía en Francia el precedente de 1936; pero en 1968 parece que  su finalidad era distinta. No se trataba de protegerse contra los posibles esquiroles sino, fundamentalmente, de discutir en comunidad los problemas de la empresa y de realziar una contestación práctica de la propiedad de la empresa, considerada como una apropiación de los representantes del capital. Las razones aducidas para justificar la ocupación se basaban, en mcuhos casos en la intransigencia mostrada por las Direcciones en las conversaciones con los huelguistas.

Los efectivos de la ocupación variaban según las empresas y la intensidad de la acción de los sindicatos y los comités de huelga. En las empresas de tipo técnico, la ocupación fue a vaces amsiva, dependiendo también del tipo de mano de obra que dominaba; el porcentaje de ocupación era mayor cuando se trataba de obreros cualificados. En algunos casos la ocuapción era puramente pasiva, y trataba tan solo de garantizar y mantener la propia ocupación; en otros casos tenía un carácter activo: se celebraban asambleas ganerales y comisiones de trabajo, al tiempo que atendían los servicios técnicos (seguridad, guardia continua) y se organizaban diferentes diversiones (deportes, juegos de mesa, bailes, etc)

Hay que destacar (…) que durante las ocupaciones no se produjo ningún deterioro grave del material; se siguieron con todo cuidado las consignas de seguridad en el trabajo y los representantes de las empresas reconocieron que todo se había mantenido en orden y que el conjunto de material de las fábricas no había sufrido ningún deterioro. (…)

Es importante subrayar esta situación por su carácter novedoso y lleno de significado; y, al mismo tiempo, puede ser entendida como un anticipo de lo que sucedería unos años después, cuando, a causa de la crisis económica y de la crisis de empleo, la empresa, como institución económico-social, entraría en el campo de las preocupaciones y als prioridades de lso gobierns de izquierda. (…)

Los comités de huelga se crearon rpecisamente para organizar la ocupación de las empresas. Su fórmula de composición fue avriable, ya que existieron comités puramente sindicales, otros que tuvieron una vida paralela con los sindicatos, y otros finalmente que participaron de ambos aspectos. En las empresas con predominio de personal obrero, lso comités estuvieron generalmente más controlados por los sindicatos, mientras que las empresas con mayoría de personal técnico fueron elegidos por la base, y contaron con la aprticipación de sindicalistas y no sindicalistas.

La operatividad de los comités crecía en proporción directa a su desvinculación de los sindicatos. Cuando la amyoría no era de carácter sindical, los comités llegaron a convertirse en interlocutores de las propias Centrales obreras: en ocasiones para ofrecer su coalboración y en otras para criticar las modalidades y los resulatdos de la negociación; en algunos casos exigieron, incluso, participar en las deliberaciones, al menos como observadores.

(…)

Las comisiones de trabajo que se crearon a partir de las asambleas generales, constituyeron la forma de actuación más utilizada por ingenieros y cuadros, sin que llegaran prácticamente a funcionar en los talleres de obreros no cualificados. Por razón de su propio carácter y de sus objetivos, no estaban formadas generalmente más que por 10 o 20 personas. Las comisiones de trabajo tuvieorn un tono más serio y mneos teatral que las asambleas generales y contaron con la participación de los responsables sindicales, que encontraban en su funcionamiento sus métodos habituales de trabajo y discusión.

(…)

Uno de los papeles más importantes de las comisiones consistió en permitir la aprticipación de la base en la elaboración de los Cuadernos de reivindicaciones o de las plataformas reivindicativas, que se utilizaron como punto de aprtida de las engociaciones. El resultado de esta experiencia fue, sin embargo, decepcinante, pues en muy pocas ocasiones fueron tenidos en cuenta los trabajos de las comisiones en el momento de la engociación. Con todo, siempre quedaba la esperanza de que las dirigentes sindicales pudieran haber tenido en cuenta los trabajos de las comisiones.

Todas las formas de acción que estamos examinando tienen un rasgo común: la búsqueda de la participación directa del personal en los asuntos de su interés, ya sea en el taller, la oficina o la empresa. A pesar de los esfuerzos sindicales por controlar los nuevos modos de actuación obrera o profesional que surgieron en el 68, la espontaneidad del movimiento hacía en muchos casos dificil el ajuste de las iniciativas de los trabajadores a los esquemas tradicionales de las Centrales obreras Se ha olvidado con demasiada rapidez la originalidad del Mayo Francés. Es sorprendente que sólo en raras ocasiones se recuerde esta premonición de hace veinte años, cuando se estudia, la crisis del socialismo en nuestros días. “La república burguesa”, dice Debray, “celebra su ancimiento recordando la toma de la Bastilla; un día tendrá que celebrar su renacimiento recordando la toma de la palabra en el 68″.

(SAENZ DE MIERA, A., (1993): “El Mayo Francés”, Barcelona: Tecnos, p.p. 57-59)

“Ayer, el ministro de Juventud y Deportes visitó el nuevo centro deportivo de la Facultad de Nanterre. A la salida, unos 50 estudiantes profirieron gritos hostiles contra él. El ministro quiso dialogar. Un estudiante de origen alemán, Daniel Cohn-Bendit, tomó la palabra para pedirle que discutiese el problema sexual. El ministro creyó que bromeaba. Sin embargo, el estudiante insistió y declaró: `Construir un centro deportivo es un método hitleriano, destinado a arrastrar a la juventud hacia el deporte para apartarla de sus problemas reales, cuando lo que hay que hacer es asegurar el equilibrio sexual de los estudiantes’”.Nadie lo presentía, pero este diálogo surrealista recogido por los Servicios Secretos en una nota del 9 de enero del 68 fue el punto de partida de un seísmo que, cuatro meses más tarde, iba a paralizar Francia y a hacer temblar a la República gaullista. El joven estudiante pelirrojo de Nanterre que desafiaba a un ministro del General De Gaulle sería el símbolo de la revolución de Mayo del 68. Pero, en enero, Cohn-Bendit era un desconocido para los franceses, menos para los funcionarios de la policía que, tras este gesto inaudito, se precipitaron sobre su ficha y comenzaron a seguirle los pasos.La revuelta estudiantil llegaría dos meses más tarde, el 22 de marzo, originada por el arresto de un joven de extrema izquierda, Xavier Langlade, por participar en un sabotaje contra las oficinas de la American Express en París. Los estudiantes ocuparon los locales administrativos de la Facultad de Nanterre y crearon un órgano, el Movimiento del 22 de marzo. Desde entonces, no pasará una semana sin que Cohn-Bendit sea objetivo de los informes policiales.Sin embargo, el poder dará un paso en falso: cerrar Nanterre y llevar al agitador ante el consejo de disciplina de la Sorbona, es decir: “Soplarle al fuego que se extiende por París”, según una nota de la policía. “Cohn-Bendit y seis camaradas comparecerán el 6 de mayo. Por solidaridad con sus camaradas de Nanterre, los estudiantes de la Sorbona están invitados por el Movimiento del 22 de marzo a manifestarse. A causa de la tensión en los medios estudiantiles, esta manifestación, en la que pueden participar 2.000 personas, puede provocar incidentes”.¡Menuda previsión! Pillando al poder fuera de juego, Cohn-Bendit se adelantó tres días y, el 3 de mayo, provocó las primeras revueltas en la Sorbona. Desde entonces, la policía comienza a describir una situación que se le escapa cada vez más de las manos al Gobierno. Un informe del 4 de mayo precisa: “Desde las 12 a las 12.40 h, Cohn-Bendit y otro orador arengaron a unos 200 estudiantes. Hacia las 15 h, cuando la policía bloquea las entradas de la Sorbona, en el patio hay unos 150 jóvenes, una veintena con cascos y bates de madera procedentes de las mesas y sillas que habían roto”.

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Caos en la SorbonaA las 15.35 h, el comisario del distrito recibe una misiva explosiva que provocará los primeros enfrentamientos en el Barrio Latino: “El abajo firmante, rector de la Academia de París, requiere a las fuerzas de la policía que restablezcan el orden en la Sorbona, expulsando a los perturbadores”. A las 16.40 h, el comandante Petit y sus hombres asaltan la Sorbona y meten en camionetas a los jóvenes que encuentran a su paso. Prosigue el informe: “Un primer convoy de estudiantes detenidos abandona la Sorbona sin dificultades a las 17.10 h. Los incidentes serios empiezan a las 17.15 h, cuando sale el segundo convoy. La policía tiene que utilizar granadas lacrimógenas para que circule. Los manifestantes han rajado un neumático”.Por primera vez, los jóvenes toman la calle y la revuelta se extiende como un reguero de pólvora, dejando estupefacta a la policía. Un comisario relata: “A las 17.16 h. llegan 1.000 manifestantes a la Sorbona. Aplican una técnica de hostigamiento con escaramuzas de corta duración. Son cada vez más agresivos y se lanzan y cargan sucesivamente contra nosotros para rescatar a los suyos. Se realizan 574 detenciones, entre ellas, 179 menores, 45 mujeres y 58 extranjeros”. Mayo del 68 había comenzado.Esas 574 fichas han sido conservadas hasta hoy por los servicios secretos. Con el tiempo, su lectura es realmente sabrosa, porque se encuentran varios nombres, entonces anónimos, que hicieron carrera más tarde. Entre ellos, futuros ministros y periodistas, líderes como Alain Krivine, dirigente troskista de la Juventud Comunista Revolucionaria, y el omnipresente Cohn-Bendit.Tres días después, Cohn-Bendit comparece ante el consejo de disciplina de la Sorbona. Una nota confidencial de los Servicios Secretos indica: “Un panfleto que parece haber sido objeto de una difusión restringida circula actualmente en medios estudiantiles de la extrema izquierda. Este documento indica los nombres, las funciones y las direcciones de los miembros del consejo de la Universidad que tienen que actuar sobre el caso de Cohn-Bendit y de otros seis estudiantes. El encabezamiento de esta lista dice `Forma de uso’ y, al final, la fórmula no menos elocuente, `Es vuestro turno, camaradas…’”. Quizá por eso, desde el día 5, el prefecto toma medidas y organiza, según otra nota, “la protección de los domicilios de los miembros del consejo”.El día 6, Cohn-Bendit comparece en la Sorbona, lo que provoca nuevos enfrentamientos coreados por un célebre eslógan: “Liberad a nuestros camaradas”. Tras esa noche caliente (más de 300 policías heridos y 422 detenciones), el comisario Gravaud alerta a su jerarquía sobre la falta de preparación de la policía ante esta nueva guerrilla urbana: “Estos grupos organizados son extremadamente duros y móviles y no se paran ante consideración moral o social alguna. Si bien la valentía física de nuestras unidades es grande, nuestro material se muestra a veces poco adaptado a disturbios tan violentos. Sería útil disponer de vehículos protegidos para hacer frente a las barricadas. El público curioso, entre el que se diluyen los manifestantes, debería ser avisado por algún medio, para que se aparte lo más rápido posible”.Los deseos del comisario serán atendidos según aumenten las algaradas. Los escudos opacos, sin visibilidad, que obligaban a los policías a exponer su rostro, serán reemplazados por escudos transparentes. Los pesados bulldozer serán sustituidos por pequeños ingenios con mucha más movilidad. En suma, el material para mantener el orden vivirá también su revolución. 

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Los izquierdistasEl poder y la policía se tendrán que adaptar también a sus nuevos adversarios: los izquierdistas. El 29 de abril, en una nota titulada La situación en la región parisina, se constata: “Desde comienzos de año, los protagonistas han sido los movimientos de extrema izquierda, que han aportado un nuevo estilo a la contestación tradicional de los estudiantes”. Además, los Servicios Secretos se felicitan de que “hasta ahora, la masa estudiantil no ha participado en las concentraciones, que siguen siendo obra de una minoría muy activa, que no supera el 5% de los estudiantes”.Esta versión, cuanto menos optimista, será violentamente contestada días después, tras la evacuación de la Sorbona que los estudiantes vivieron como una provocación. Los Servicios Secretos descubrieron entonces con inquietud que las organizaciones izquierdistas constituyen un auténtico estado mayor que estructuraba el movimiento. Una nota del 5 de mayo afirmaba que se había celebrado una reunión entre estudiantes izquierdistas para preparar futuras actividades.Todas estas organizaciones se dieron cita para efectuar una demostración de fuerza la tarde del 10 de mayo en el Barrio Latino con 12.000 manifestantes, que será testigo de lo que se llamó la “gran noche de las barricadas”, el episodio más duro y decisivo de Mayo del 68.Nada hacía presagiar la violencia. Aquella tarde se iniciaban negociaciones entre el rectorado y los estudiantes, seguidas por el ministro de Educación, que duraron hasta la 1.55 h. de la madrugada. El poder esperaba una salida negociada. El prefecto Grimaud, inquieto por la presencia de adolescentes, ordenó a los miles de policías apostados en el Barrio Latino que no se movieran.Para relatar la preparación de la revuelta, el subdirector del distrito anotó en su informe: “Pude observar el almacenamiento de cascotes y adoquines, la utilización de una perforadora, el abatimiento de un árbol, cómo arrancaban señales de tráfico, la construcción de barricadas, que se elevaban ante nuestras formaciones, pasivas y sin moverse por las órdenes recibidas”. 

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Las barricadasA las 2 h. de la madrugada, más de 6.200 policías reciben luz verde para cargar. Se encontraron con una auténtica insurrección en pleno corazón de París. Algunos extractos de las conversaciones por radio entre las fuerzas del orden dan cuenta de la intensidad de la violencia durante esta primera noche de barricadas:23.56 h. “La barricada de la calle Gay-Lussac se sigue construyendo con todo tipo de materiales, incluso con planchas clavadas. Los estudiantes utilizan clavos y martillos para confeccionar utensilios. Corto”.0.30 h. “La barricada sigue creciendo. Han colocado alambre y carburante por el suelo. No sé si es gasolina o gasóleo de una grúa cercana. Corto”.2.01 h. “Cohn-Bendit se entrevista con la prensa. Dice que quiere evitar la efusión de sangre, pero que la policía tiene que evacuar el Barrio Latino”.2.17 h. “Pánico por todas partes. Esto es una locura”.2.18 h. “A toda la división, procedan a la detención de Cohn-Bendit, si le ven”.2.46 h. “No podemos consentir que estos mocosos nos den la lata hasta las 4 de la madrugada. Donde haya dos juntos ya se pueden detener”.Los disturbios sólo cesan con las primeras luces del alba. De madrugada, el espectáculo es estremecedor: 125 coches estropeados, 247 policías heridos, sin contar los manifestantes, calles devastadas… En total, más de 469 detenidos.Milagrosamente, no se produjo ningún muerto. Sin embargo, al día siguiente, a las 9 h, un telegrama de la Dirección General de la Policía señala: “El comandante Journiac se encuentra en estado muy grave. Sufre hundimiento del cráneo tras ser herido en la frente por un adoquín”. Morirá un año después, en un accidente de coche, por culpa de las secuelas de aquella grave herida.Por su parte, el prefecto se ve asaltado por rumores. Una nota de los servicios secretos del 10 de mayo revela que un folleto, titulado Mil heridos, tres muertos por gases lacrimógenos, firmado por el Movimiento del 22 de marzo, ha sido distribuido la víspera por todo el Barrio Latino. Al día siguiente, una nueva nota ve la luz: “Según algunos dirigentes de la UNEF, los reporteros de Europe 1 están seguros de que hubo muertos la pasada noche. Según la misma fuente, estos periodistas están a punto de reunir pruebas y difundir la información”. Se extiende incluso el rumor de que los cuerpos de las víctimas han sido arrojados al Sena. Todo eso explica que los estudiantes coreen un vengativo “Grimaud asesino”.

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La violencia La tensión es cada vez mayor, como testimonia un grave incidente ocurrido durante la manifestación del 13 de mayo. Se producía el primer desfile conjunto estudiantes-sindicatos-partidos políticos con cerca de 100.000 participantes.Al final de la manifestación, cuando la gente se dispersa, estalla un incidente entre unos policías y un grupo de manifestantes. Un informe de un jefe de división permite conocer mejor este episodio, que pudo terminar en drama. “Hacia las 19.40 h, vi que varios policías protegían a un compañero de los manifestantes. Cuando le alcancé, me dijo que su coche había sido asaltado y que le habían pisoteado. Tenía el uniforme destrozado y sangraba, pero no parecía grave. El coche, que conducía al hospital a un niño y a su madre, había embestido a los manifestantes y había sido detenido por la multitud que rompió los cristales, abrió las puertas y sacó al policía que desenfundó su arma y amenazó con usarla, lo que provocó un brusco reflujo. El conductor aprovechó para marcharse rápidamente y el policía se quedó en manos de los manifestantes”.Al agravarse la situación, el Gobierno intentó hacerse de nuevo con las riendas. Una nota del director de la policía, fechada el 23 de mayo, habla de una reunión de crisis que se mantuvo esa mañana a las 8.30 h, en el despacho del ministro del Interior. Las directrices son las siguientes: “Las manifestaciones estudiantiles no deben abandonar el perímetro del Barrio Latino, sobre todo en dirección oeste, para evitar la dispersión de efectivos”.Consignas difíciles de cumplir. Desde el día siguiente, 24 de mayo, una manifestación gigante va a abrazar, por vez primera, todo París. El origen de los nuevos tumultos es el inevitable Dany el Rojo, que acaba de llevar la buena nueva revolucionaria a la República Federal de Alemania. Los Servicios Secretos le siguen permanentemente la pista, como testimonia esta nota del día 21: “Cohn-Bendit pasó la frontera alemana esta noche, en Forbach, en dirección a Francfort, a bordo de un vehículo perteneciente a la sociedad anónima Verjat, que ha sido alquilado el 20 de mayo a través de una llamada telefónica realizada desde el semanario Paris Match. En el vehículo viajan el conductor, empleado de la compañía Verjat, Cohn-Bendit, el periodista Jean Durieux y el fotógrafo Georges Melet”.En Berlín, el líder francés gritó a los estudiantes alemanes: “¡Hay que hacer añicos la bandera tricolor y reemplazarla por la bandera roja!”. El Gobierno francés respondió con un telegrama: “Muy urgente. Reglamento de fronteras. Difusión a prefectos, puestos fronterizos, terrestres, marítimos y aéreos. Opónganse a la entrada en Francia del ciudadano alemán Cohn-Bendit, Daniel. Stop. Dar cuenta de la ejecución. Final”.Pero no consiguieron detener el ardor de Dany, que se presenta, con toda naturalidad, en la frontera de Forbach, donde se le deniega la entrada. El poder lanza contra él una orden de expulsión, en el caso de que intente entrar clandestinamente en Francia.

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París en llamasEsa misma tarde, París arde por los cuatro costados. El jefe de la policía hace un balance terrible de la situación: “La agresividad y la violencia son de tal calibre que nuestras formaciones tienen que hacerse presentes en varios sitios a la vez. Todas las barricadas están ardiendo. Bombardeados a pedradas, los policías replican con granadas lacrimógenas. Los chorros de agua funcionan a tope. El edificio de la Bolsa sufre un incendio. Los bomberos, lapidados a golpe de adoquín por los manifestantes, consiguen sofocar el incendio. Hacia las 0 h, un SOS llega a la sala de mandos. La comisaría del distrito V acaba de ser atacada por un grupo de manifestantes. Se ordena a dos formaciones ir en su ayuda”. Este episodio casi se convierte en el más trágico del 68. Los policías, bloqueados en la comisaría, corrían peligro de arder vivos. El enfrentamiento se evitó de milagro.En cambio, en Lyón, murió el primer policía, atropellado por un camión con los frenos bloqueados y el acelerador pisado enviado por los manifestantes contra la policía.Esa misma noche, en París, los estudiantes también tuvieron una baja. Nadie supo jamás las circunstancias exactas de esta muerte, durante mucho tiempo atribuida a un ajuste de cuentas con arma blanca. La autopsia reveló sin embargo que había sucumbido por los efectos de una granada. Sin embargo, esta muerte no hizo bascular los acontecimientos.Mientras la agitación estudiantil y las huelgas paralizaban el país, los políticos intentaban hacerse con las riendas de la situación. La izquierda estaba siempre en el punto de mira de los Servicios Secretos. Sobre todo François Mitterrand, el hombre que consiguió pasar a la segunda ronda en las elecciones de 1965. ¿Qué piensa hacer Mitterrand? Una nota del 22 de mayo, titulada FGDS-PCF y programa de Gobierno, precisa: “Mitterrand no cree en la crisis del régimen. Piensa que la CGT se prepara para negociar con el Gobierno y que De Gaulle está dispuesto a hacer concesiones”.

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Los políticosPero los políticos, de la derecha y de la izquierda, no son el santo de la devoción de los estudiantes. Así, un informe de los Servicios Secretos del 24 de mayo indica: “Mitterrand ha sido abucheado por los manifestantes del Barrio Latino y obligado a refugiarse”.Unos días después, Mitterrand cree que ha llegado su hora. El 28 de mayo se pronuncia abiertamente en una célebre rueda de prensa. Los Servicios Secretos subrayan sus frases clave: “¿Quién formará el Gobierno provisional? Si hace falta, asumiré esta responsabilidad. (…) ¿Quién será el Presidente de la República? El sufragio universal lo dirá. Pero desde ya mismo, les anuncio que soy candidato, dado que el término eventual tiene un plazo de 18 días y dado que se trata del mismo combate”.Un paso en falso que le será reprochado durante mucho tiempo a Mitterrand. Los Servicios Secretos se hacen eco y se regodean del traspiés, desde el 12 de junio. “Tras la reunión de la oficina departamental de la Federación de la Izquierda Demócrata y Socialista (FGDS), la mayoría de miembros votó una resolución de desconfianza hacia Mitterrand. La FGDS dirigió una carta a la dirección nacional para reclamar su dimisión”.Pero el gran acontecimiento será la manifestación de apoyo a De Gaulle el 30 de mayo. Los Servicios Secretos no se olvidan de anotar algunos eslóganes: “¡Mitterrand ha fallado!”, “El pelirrojo a Pekín”, “Giscard, con nosotros”, “De Gaulle no está solo”. Sin embargo, los Servicios Secretos pierden, en esta ocasión, su célebre capacidad para contar a los manifestantes. A las 17.50 h. cuentan entre 300.000 y 400.000. A las 19.30 h, aseguran que “la plaza de l’Etoile está repleta de gente y la multitud es incalculable”.Pero los estudiantes siguen conservando dos plazas fuertes en el Barrio Latino: la Sorbona y el teatro Odeón. Los Servicios Secretos infiltraron varios topos en la universidad ocupada. Uno redacta esta sabrosa nota, el 29 de mayo, titulada La vida en el interior de la Sorbona: “Dos organizaciones estudiantiles comparten el poder, el Comité de coordinación de los comités de estudiantes, situado en la escalera A y el Comité de comunicación estudiantes-obreros, en el primer piso. En la Sorbona no parece haber problemas de dinero. Llegan donativos de todas partes y de todas las procedencias. Se elevan a 10.000 y, a veces, a 15.000 francos. Los responsables de la cuestión financiera están preocupados, sin embargo, por la avidez de los que recogen los donativos, a veces, se quedan hasta con el 75% de lo que consiguen”.”A partir de las 2 de la madrugada, los habitantes de la Sorbona no pertenecen al universo estudiantil. Se convierte en el refugio de beatniks, mendigos y numerosos individuos que se esconden de las pesquisas policiales. En cuanto a las comunicaciones, la central telefónica está bajo la responsabilidad del servicio de orden. De 7 a 19 h, el responsable del orden, Claude Géraud, formó un comando de unos 15 jóvenes, no todos estudiantes, provistos de barras de hierro y viejos fusiles”.El jefe del grupo, bautizado los katangueños (antiguos mercenarios de Katanga) o los impresentables, un tal Jimmy, había hecho saber: “Si nos expulsan de la Sorbona, antes le prenderemos fuego”. El 14 de junio, tras una serie de enfrentamientos con el servicio de orden estudiantil, los katangueños son evacuados manu militari. Es el final de una época.La epopeya de los katangueños terminó en la crónica negra de la prensa, a causa de un ajuste de cuentas sangriento entre sus jefes. El 12 de julio se descubrió el cadáver calcinado de un hombre, asesinado de un disparo, que resultó ser Jean-Claude Lemire, más conocido por Jimmy el katangueño, que había sido jefe del grupo. Se condenó a varios jóvenes sospechosos.

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El OdeónLa evacuación del Odéon fue mucho más compleja. La ocupación del teatro molestaba especialmente a De Gaulle. Se preparó una primera operación secreta la noche del 19 al 20 de junio, que consistía en introducirse por los tres sótanos del edificio. Hacia las 0,15, un policía de civil entró en el teatro y describió la situación: “Hay 3.000 personas, entre ellas unos cincuenta actores”. El prefecto anuló la operación.Sin embargo, el 13 de junio, los Servicios Secretos se inquietan por la situación en el interior del teatro: “Unas 30 personas, la mayoría condenados por la justicia, forman un comando de intervención rápida. Cuando sus miembros tienen que desplazarse, lo hacen de noche y en grupo. Utilizan ambulancias ocupadas por supuestos enfermos y por dos o tres enfermeros”.Al día siguiente, el teatro es evacuado sin demasiadas dificultades. Relato del director de la operación: “A las 9 h. mi formación se dirigió a la calle Médicis. Allí estaban el prefecto de policía, Grimaud, el director de la Policía Judicial y el director adjunto de los Servicios Secretos. El prefecto comenzó a dialogar con los ocupantes del teatro, que fueron saliendo sin oponer resistencia. Eran cacheados y conducidos bajo la protección de mis efectivos al exterior de las barricadas, donde eran liberados, sin identificarles, por instrucciones directas del prefecto. La mayoría eran jóvenes, vestidos al estilo beatnik. Dos mujeres embarazadas fueron conducidas en coche junto a varios niños pequeños. Una joven de unos 18 años salió con su hermana, de menos de 10. Insultaban a los gendarmes. Tres individuos fueron detenidos y puestos a disposición de la Policía Judicial por portar armas y por diversos delitos. A las 10 h, la Policía Judicial entra en el teatro y retira las banderas negras y rojas que flotan en el tejado del teatro, se incautan de diversas armas (fusiles de caza, cartuchos, cadenas, cócteles Molotov, puños de hierro) y proyectiles (adoquines, botellas, señales de tráfico)”. ¡El último bastión de Mayo del 68 ha caído! (FUENTE: http://www.el-mundo.es/larevista/num132/textos/crono.html)

Mayo fue un festival para el dialógo. Durante más de un mes, cualquier lugar podía convertirse en un espacio apto para la discusión y la reflexión. Los teatros no fueron una excepción. Si bien la ocupación del Teatro de Francia-Odeón fue la más celebre, no fue la única. Así, en numerosas ciudades de provincia francesas, los jóvenes, emulando a sus colegas parisinos, decidieron ocupar sus teatros y transformarlos en lugares de debate continuo. René Bourrigaud, uno de los ocupantes del teatro municipal de Angers, rememora, aquellos días increíbles (citado en Fraser, 1988: 220-221): “El teatro representaba el summum de la cultura burguesa en la ciudad. Algunos anarquistas – ni siquiera sabíamos que había alguno en Angers- fueron los primeros en atravesar la puerta trasera y erigir la bandera negra sobre el edificio. Luego nosotros abrimos las puertas, ocupamos el teatro. Se convirtió en un foro permanente de debate. Los trabajadores vinieron y participaron (…) Algunos de ellos habalron sobre sus experiencias durante las ocupaciones del Frente Popular en 1936. Nosotros conociamos muy poco acerca de ello, careciamos del conocimiento real de la historia del movimiento de la clase obrera. En este mes hablando, aprendimos más que en cinco años estudiando. Aprendimos porque podíamos hablar a cualquiera y a todo el mundo. Era realmente otro mundo -un mundo de sueño quizás- pero esto es lo que yo siempre recordaré: la necesidad y el derecho de todos a hablar”.

La noche del 15 de mayo de 1968, el Teatro Odeón, en el Barrio Latino, fue ocupado y convertido en un espacio abierto, en el que cualquiera (…) podía tomar la palabra. (…)

La noticia de la ocupación del Odeón se extendió como la polvora; estudiantes, comerciantes, hippies, miembros de la contracultura, curiosos…decidieron instalarse en el teatro. Las discusiones y los mitines se prolongaban toda la noche y se formaron varias comisiones de reflexión. La comisión encargada de la información redactó un texto repleto de ardor revolucionario (Rauch, 1995: 200-201):

Después de los acontecimientos de estos diez últimos días. Después de la ocupación policial del Barrio Latino y de Nanterre. Después de las barricadas de la noche del 10 de mayo y de la salvaje represión policial. Después de la huelga general del 13 de mayo y de la ocupación de la Sorbona. Un grupo de artistas y gentes del teatro, de estudiantes y de trabajadores, constituido en Comité de Acción Revolucionario, ha ocupado esta noche, después de la representación del Teatro de las Naciones, el Teatro de Francia-Odeón, símbolo de una cultura burguesa que ellos reprueban fundamentalmente, al igual que la sociedad capitalista. Desde la ocuapción del teatro, unas comisiones abiertas a todos, han sido creadas para llevar a cabo una tarea de refelxión sobre nuestro rechazo de la difusión del espectáculo-mercancía y sobre las posibilidades de la situación nuevamente instaurada, para desarrollar un arte de combate.

En la nochedel 16 al 17 de mayo, el Comité de Ocupación redactó una moción que sostenía que la toma del Odeón representaba un acto simbólico con el que se pretendía atacar la cultura burguesa y la sociedad de consumo, continuar con el dialógo iniciado por todos los trabajadores y entrar en contacto con otras delegaciones extranjeras que forman parte del mismo movimiento de Liberación.

(…)

El Odeón dejó de ser un teatro para convertirse en un foro de discusión continua, donde una multitud de individuos anónimos descubriría las virtudes emancipadoras de la palabra. Las universidades eran el territorio de la palabra estudiantil, las fábricas eran el territorio de la lucha obrera, y el Odeón era la tribuna libre abierta a todos. Todos los miembros de la sociedad estaban represenatdos. Incluso la jet-set parisina se paseaba por el teatro, transformado en un lugar de moda. Y lo que es peor todavía, incluso la aristrocacia quería tener su propio palco en esta comedia de la sociedad francesa.

(BADENES SALAZAR, P. (2006): “La estética en las barricadas. Mayo del 68 y la creación artística”, Castelló de la Plana: Universitat Jaume I, p.p. 178-181)

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“1968 es el año en que el Presidente Díaz Ordás de Méjico lanzó a la policía contra los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas Tlatelolco. Mató tal vez a 300. las cifras oficiales solo contaron 35 y decapitó el movimiento juvenil. Es el año en que la contrarrevolución de los EEUU asesinó a Martin Lutero King, el 4 de abril y a Robert Kennedy el 5 de julio, y eligió a Richard Nixon, presidente en las elecciones de noviembre. Y el año que ve como De Gaulle va siendo cercado por la derecha, por la reacción que le reprocha su debilidad y su incomprensión de los fenómenos de mayo, hasta su responsabilidad por haber permitido una sociedad capaz de ese alzamiento, y le obligará a dimitir al año siguiente, falto ya de consenso y de poderes reales. El año de las grandes manifestaciones juveniles de Alemania Federal, en el que se lanza la figura de Rudi Dutschke y comienzan a emitirse ideas anarquistas, como recuperación de un pasado perdido y desprestigiado: dejarán, hasta hoy, huellas de antiestalinismo, en la izquierda no establecida. Y la primera huelga general en Roma, desde 20 años antes, que comenzaría una serie de acciones sindicales incesantes. El año en que el dictador fascista Salazar, entro en coma, fue sucedido por Caetano, los estudiantes se lanzaron a la calle, se vio la imposibilidad de la guerra de Angola que arrancó la agitación que llevó a la “Revolución de los Claveles”, de la que hoy ya no queda más que la nostalgia de lo que no pudo ser. Y en el que se empezó a saber que hay contestatarios o disidentes –según la palabra acuñada- dentro mismo de la Unión Soviética, capaces de manifestarse contra la invasión de Checoslovakia y de preparar su lucha contra la dictadura: augures, también, de los tiempos por venir.”

 

(HARO TECGLEN, E. (1988): “El 68: Las revoluciones imaginarias”, Madrid, Ediciones EL PAIS S.A. / AGUILAR, p.p. 74-75

 

El primer gran sobresalto había sucedido en el mes de diciembre de 1967: un grupo de estudiantes ocupó la Iglesia del Recuerdo, en Berlín Occidental y uno de ellos se subió al púlpito y pronunció un discurso revolucionario: se llamaba Rudi Dutschke y le llamaban Rudi “el rojo” […] Se convirtió en el oriente de los estudiantes de la gran izquierda sin partido no solo en la RDA, sino en el mundo. El 11 de abril de 1968 un obrero de la construcción, Peter Dachman, disparó contra él: estuvo durante la vida y la muerte durante varios días y estallaron las revueltas de los estudiantes en Berlin, Hamburgo, Francfort, Munich. La manera en que informó la prensa de Springer –pero no ella sola- y sus comentarios producirían los sucesos más llamativos. En Nanterre y en Paris se celebraron reuniones y acciones de solidaridad con Dutscheke.

 

Otro alemán, Daniel Cohn-Bendit, tenía la palabra en París y también fue llamado “el rojo” –no sólo por sus ideas, sino por las llamaradas rojizas de su cabello-; Los estudiantes de los dos países estuvieron todo el tiempo en contacto y publicaron manifiestos conjuntos, y uno de los sucesos de mayo fue el intento de ocupación del aeropuerto de Orly para abrir paso a los miembros del SDS –Estudiantes Socialistas Alemanes- que iban a solidarizarse con los franceses.

(HARO TECGLEN, E. (1988): “El 68: Las revoluciones imaginarias”, Madrid, Ediciones EL PAIS S.A. / AGUILAR, p. 77

En la mañana del 27 de mayo, Seguy fue a exponer a los obreros de Renaul-Billancourt los acuerdos concluidos entre los sindicatos, el gobierno y el empresariado. Unánimemente los trabajadores abuchearon al burócrata que – todo su discurso lo atestiguaba – había venido con la esperanza de hacerse plebiscitar por este resultado. Ante la ira de la base, el estaliniano se resguardó detrás de un detalle callado hasta entonces y efectivamente esencial: no sería firmado nada sin la ratificación de los obreros. Estos al rechazar los acuerdos, la huelga y la negociación tenían que continuar. A continuación de Renault todas las empresas rechazaron las migajas con que la burguesía y sus auxiliares habían contado pagar la reanudación del trabajo.

El contenido de los “acuerdos de Grenelle” no contenía, por supuesto, nada como para levantar el entusiasmo de las masas obreras, que se sabían virtualmente dueñas de la producción que paralizaban desde hacía seis días. Estos acuerdos mejoraban los salarios en un 7 % y fijaban el salario horario mínimo garantizado por la ley (S.M.I.G.) de 2,22 a 3 francos; es decir, que el sector más explotado de la clase obrera, particularmente en provincias, que ganaba 348,80 francos al mes, tenía en adelante un poder adquisitivo más adaptado a la “sociedad de la abundancia”, 520 francos al mes. Las jornadas de huelga no serían pagadas antes de ser recuperadas con horas extraordinarias. Esta propina gravaba ya gravemente el funcionamiento normal de la economía francesa, sobre todo en sus relaciones obligadas con el Mercado Común y los demás aspectos de la competición capitalista internacional. Todos los obreros sabían que tales “ventajas” serían superadas, y, mucho más, por un inminente aumento de los precios. Ellos sentían que sería mucho más expeditivo barrer el sistema, que había llegado hasta el máximo de sus concesiones, y organizar la sociedad sobre otra base. La caída del régimen gaullista era necesariamente la condición previa para esta inversión de la perspectiva.

Los estalinianos comprendieron hasta qué punto la situación era peligrosa. A pesar de su apoyo constante, el gobierno acababa de fracasar una vez más en sus esfuerzos por restablecerse. Después del fracaso de Pompidou, el 11 de mayo, para frenar la subida de la crisis sacrificando su autoridad en el dominio universitario, un discurso de De Gaulle y los acuerdos apresuradamente tomados entre Pompidou y los sindicatos habían fracasado al delimitar una crisis devenida profundamente social. Los estalinianos comenzaron a no tener esperanza en la supervivencia del gaullismo, ya que hasta entonces no habían podido salvarla, y porque el gaullismo parecía haber perdido la energía necesaria para mantenerse. Se encontraban obligados, con su mayor disgusto, a arriesgarse en el otro campo, allí donde siempre habían pretendido estar. El 28 y el 29 de mayo jugaron la caída del gaullismo. Tenían que tener en cuenta diversas presiones: esencialmente de los obreros. Y, subsidiariamente, de los elementos de la oposición que comenzaban a pretender reemplazar el gaullismo y así corrían el riesgo de encontrarse con una parte de los que primero querían la caída del régimen. Se trataba tanto de los sindicatos cristianos de la C.F.D.T. como de Mendes France, de la “Federación”, del confuso Mitterand o de la concentración del estadio Charlety para una organización burocrática de la extrema izquierda.1 Todos estos soñadores, por lo demás, sólo levantaron la voz al nombre de la supuesta fuerza que los estalinianos ponían en juego para abrir su post-gaullismo. Necedades que el resultado inmediato debía sancionar. Los estalinianos eran mucho más realistas. Se resignaron pidiendo un “gobierno popular”, en las grandes y numerosas manifestaciones de l a C.G.T. del 29 y ya estaban dispuestos a defenderle. No ignoraban que esto no sería para ellos más que un peligroso mal menor. ¡Si pudieran contribuir aún a vencer el movimiento revolucionario antes de que éste consiguiese la caída del gaullismo! Creían justamente ya no poder vencer después. El 28 de mayo una editorial radiofónica anticipaba, con un prematuro pesimismo, que el P.C.F. no se levantaría jamás y que el principal peligro venía ahora de los “izquierdistas-situacionistas”.

El 30 de mayo, en un discurso De Gaulle manifestó enérgicamente su intención de continuar en el podar costara lo que costara. Propuso escoger entre próximas elecciones legislativas y la guerra civil inmediatamente. Varios regimientos seguros fueron desplegados alrededor de París y abundantemente fotografiados. Los estalinianos, encantados, se guardaron muy mucho de apelar a mantener la huelga hasta la caída del régimen. Se apresuraron a incorporarse a las elecciones gaullistas, cualquiera que fuese para ellos el precio.

En tales condiciones, la alternativa era inmediatamente entre la afirmación autónoma del proletariado o la derrota completa del movimiento; entre la revolución de los Consejos y los acuerdos de Grenelle. El movimiento revolucionario no podía acabar con el P.C.F., sin haber expulsado primero a De Gaulle. La forma del poder de los trabajadores que hubiera podido desarrollarse en la fase post-gaullista de la crisis, al encontrarse bloqueada a la vez por el viejo Estado y el P.C.F., no tuvo ya ninguna posibilidad de tomar la delantera a su derrota en marcha.

(VIÉNET, R., (1978): “Enragés: Y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones”, Madrid: Editorial Castellote, capítulo 7)

“A partir del sábado 11 de mayo, todas las direcciones sindicales hicieron un llamamiento a una jornada de huelga general para el 13. Para ellos se trataba de poner un punto final al movimiento, aprovechándose al máximo de una solidaridad superficialmente llamada “contra la represión”. Los sindicatos tuvieron que hacer también este gesto porque se daban cuenta de la profunda impresión causada entre los obreros por la lucha directa que transcurría desde hacía una semana. Tal ejemplo amenazaba su autoridad. Su huelga de recuperación no respetó el tiempo legal previsto: esto es todo lo que tenía de subversivo.

El gobierno, que primero había reaccionado por la mañana temprano, en el momento de la caída del barrio de las barricadas, con un comunicado amenazador que invocaba un complot y sanciones, ante la importancia de las protestas, se decidió a dar una vuelta completa. El primer ministro Pompideu que regresó de Afganistán el sábado por la tarde, jugó apresuradamente la carta del apaciguamiento. Anunció, haciendo caso omiso de cualquier consideración hipócrita en cuanto a la independencia por principio de la magistratura, que los estudiantes condenados iban a ser liberados después de un nuevo juicio inmediato, lo cual efectivamente ocurrió. Cedió el domingo los locales del anexo Censier de la Facultad de Letras, para que se mantuviese legalmente el sit-in ya reivindicado sobre una reforma de la Universidad. En fin, Pompideu prometió retirar, a partir del lunes, todas las fuerzas de policía del Barrio Latino, y en consecuencia los cordones que guardaban la Sorbona. En la mañana del 13 de mayo la policía se había largado y la Sorbona se encontraba, pues, para tomar. Durante la jornada del 13 de mayo la consigna de huelga general fue ampliamente seguida. En un desfile pacífico, cerca de un millón de trabajadores, con los estudiantes y profesores, atravesaron Paría, de la República a Denfert-Recherau, encontrando en su recorrido la simpatía general. Los slogans se referían a la solidaridad de los obreros y de los estudiantes y reclamaban, por el décimo aniversario de su llegada al poder, la partida de De Gaulle. Más de cien banderas negras se habían sumado a la multitud de banderas rojas, realizando por primera vez esta conjunción de dos banderas que pronto se convertiría en la marca de la corriente más radical del movimiento de las ocupaciones, no tanto como una afirmación de una presencia anarquista autónoma sino como signo de la democracia obrera.

Los sindicalistas obtuvieron fácilmente la dispersión en Denfort; algunos millares de manifestantes, estudiantes en su mayor parte, replicaron hasta el Campo de Marte donde se improvisó un mitin. Durante este tiempo otros comenzaron a ocupar la Sorbona. Fue ahí donde se produjo espontáneamente un fenómeno de una importancia decisiva: todos los que estaban presentes decidieron abrir la Sorbona a los trabajadores. Era coger la palabra al slogan abstracto de la manifestación: solidaridad obreros-estudiantes. Este pasaje se hallaba favorecido por el encuentro de los obreros este día y sobre todo por el diálogo directo entablado entre estudiantes y los obreros más avanzados, llegados de la manifestación para decir que estaban de acuerdo, desde el primer día, con la lucha de los estudiantes y para denunciar el sucio trabajo de los estalinianos. Un cierto obrerismo, cultivado por los especialistas sub-burocráticos del revolucionarismo, no estaba, por supuesto, ausente en las motivaciones de esta decisión. Pero lo que estos líderes habían dicho, sin creer verdaderamente en ello y sin medir las consecuencias, tomó un sentido revolucionario a causa de la atmósfera de libertad total del debate abierto en la Sorbona, que anuló completamente el paternalismo implícito en su proyecto. En fin, vinieron poco obreros a la Sorbona. Pero como la Sorbona había sido declarada abierta a la población, los límites del problema estudiantil y del público convencido se habían roto. Y como la Sorbona comenzaba a realizar una discusión democrática donde se discutía de todo y consideraba como ejecutorias las decisiones tomadas, se volvió un faro para los obreros en todo el país: les mostró sus propias posibilidades.

La completa libertad de expresión se manifestó por la toma de posesión de los muros, así como por la libre discusión de todas las asambleas. Carteles de todas las tendencias, hasta maoístas, cohabitaban en los muros sin ser lacerados ni recubiertos: únicamente los estalinianos del P.C.F. prefirieron abstenerse. Las pintadas sólo aparecieron un poco más tarde. Esta primera noche, la primera pintada revolucionaria insertada, bajo la forma de un filacter, sobre uno de los frescos -”la famosa fórmula: La humanidad no será feliz más que el día en que el último burócrata haya sido colgado con las tripas del último capitalista”- levantó algunas protestas. Después de un debate público la mayoría decidió borrarla. Lo que se hizo.”

 (VIÉNET, R., 1978: “Enragés: Y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones”, Madrid: Editorial Castellote)