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Hemos realizado un esfuerzo en elaborar la información contenida en este blog extrayéndola de distintas fuentes, la mayor parte de ellas de carácter bibliográfico y otras disponibles en diferentes páginas web que abordan el tema. 36 post que intentamos muestren una visión amplia, contrastada y desde distintas ópticas de lo que fue y supuso el movimiento francés de mayo de 1968 en diferentes campos como es el social, político, filosófico o económico.Al final de cada post aparece la fuente de donde ha sido extraída la información contenida en él. No obstante, juzgamos conveniente indicar aquí, en esta anotación final, una enumeración de todos los recursos documentales de que nos hemos valido para elaborar este blog.
Lucía G, Jacobo G y Sergio M
Periodismo y Derecho 2ºA
URJC Vicálvaro, 1 de abril de 2008
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Fuentes bibliográficas empleadas. Para ver información sobre las páginas consultadas de cada obra remitase a cada post en particular.
- DEBORD, G., (2006): “Oeuvres”, Paris: Gallimard
- SAENZ DE MIERA, A., (1993): “El Mayo Francés”, Barcelona: Tecnos
- KURLANSKY, M., (2004): “1968, El año que conmocinó al mundo”, Barcelona: Ediciones Destino
- SÁNCHEZ-PRIETO, J.M., (2001): “La Historia Imposible del Mayo Francés”. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº112
- BADENES SALAZAR, P. (2006): “La estética en las barricadas. Mayo del 68 y la creación artística”, Castelló de la Plana: Universitat Jaume I
- SAENZ DE MIERA, A., (1993): “El Mayo Francés”, Barcelona: Tecnos
- COSTA J., (2008): “Mayo del 68, cine de barricada”. El país semanal, nº 1.641
- VARIOS AUTORES, (2003): “Enciclopedia Salvat”, Madrid: Salvat Editores
- PREVERT, J. , (1980): “Palabras”, Barcelona: Editorial Lumen
- FRANCIS J., (1975): “Jean Paul Sartre en su vida”, Barcelona: Barral Editores
- HARO TECGLEN, E. (1988): “El 68: Las revoluciones imaginarias”, Madrid, Ediciones
- VIÉNET, R., (1978): “Enragés: Y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones”, Madrid: Editorial Castellote, capítulo 7
- EL MUNDO, La Revista, nº132
Direcciones de Internet (a fecha de marzo de 2008)
- http://www.dim.uchile.cl/~anmoreir/ideas/graffiti.html
- http://membres.lycos.fr/mai68/photos/index.htm
- http://dhost.info/photocanon/mai68
- http://www.photos-mai68.com/index.php?x=browse
- http://www.magnumphotos.com/Archive/C.aspx?VP=XSpecific_MAG.ExhibitionDetail_VPage&pid=2TYRYDKUU22I
- http://brownsoundclothing.com/sla/blog/6868/6868.html
- http://membres.lycos.fr/mai68/affiches/affiches.htmhttp://www.elmundo.es/papel/2006/06/26/opinion/1989339.html)
- ANDRÉS ROJO, J., 2008: “La rabia situacionista”. El País, URL disponible en: http://www.elpais.com/articulo/cultura/rabia/situacionista/elpepicul/20080129elpepicul
- http://chantsdeluttes.free.fr/mai68/pages68/liste-affiches.html#Anchor-
- Canción de Ismael Serrano: Papá cuéntame otra vez (1995) en www.ismaelserrano.com/canciones/letras/papacuentameotravez.htm

(DEBORD, G., (2006): “Oeuvres”, Paris: Gallimard, p. 879)
Era posible, era viable y sucedió. Un mes de vino y rosas;
Bajo los adoquines, la playa
en los corazones, la rabia y la ilusión
La guerra de Argelia contribuyó a radicalizar a la juventud francesa. En 1960, en el momento álgido del movimiento independentista argelino, los estudiantes de izquierdas asumieron el control de las organizaciones estudiantiles, durante muchos años dominadas por los estudiantes de derechas. Geismar tomó parte activa en las protestas contra la guerra de Argelia y fue uno de los organizadores de una manifestación en París en octubre de 1961. La policía abrió fuego contra los manifestantes argelinos. “Ví como le disparaban a los argelinos”, apuntó Geismar. Después se encontraron cuerpos en el Sena, aunque nunca quedó claro cuantas personas resultaron muertas. El incidente no sería objeto de debate en Francia hasta la década de los noventa.
[…]
En 1958 había en Francia 175.000 estudiantes universitarios, y en 1968 eran ya 530.000, el doble que en Gran Bretaña. A pesar de ello, Francia sólo otorgaba la mitad de licenciaturas que las universidades británicas,` porque tres cuartas partes de los estudiantes franceses suspendían y abandonaban la carrera. Ésa fue la razón por la que De Guille menospreció en un principio al movimiento estudiantil; creyó que los estudiantes simplemente no se atrevían a enfrentarse a los exámenes. Las universidades estaban terriblemente masificadas, con 160.000 estudiantes sólo en la Universidad de París. Por eso cuando empezaron a manifestarse, las reivindicaciones de los estudiantes fueron capaces de atraer a grandes cantidades de manifestantes. A éstos se añadieron numerosos estudiantes de secundaria de los lycées preparatorios para la universidad, que tenían los mismos problemas que los estudiantes universitarios.
En la mayoría de las universidades, y en especial en Nanterre, el campus en sí no era un lugar cómodo para vivir y estudiar. Pero además, en mayor medida incluso que la Ivy League norteamericana, la universidad francesa era una autocracia absoluta. En un momento en que el futuro de Francia, el futuro de Europa, las nuevas ciencias y las nuevas tecnologías provocaban debates de gran alcance —que explican la popularidad de libros como El desafío americano—, los estudiantes no tenían la oportunidad de hablar de nada de todo eso. No había diálogo, ni dentro ni fuera de las aulas, entre profesores y estudiantes. Las decisiones se transmitían de arriba abajo sin ningún tipo de discusión. En mayo, pudo verse garabateado en las paredes de la Sorbona el mensaje «Profesores, sois tan viejos como vuestra cultura». Reírse de la edad de la cultura francesa suponía una nueva forma de iconoclastia.
Los profesores y catedráticos tampoco tenían derecho a hablar. Alain Geismar, convertido ya en joven catedrático de Física y director del Syndicat National de I’Enseignement Supérieur, el Sindicato Nacional de Profesores de Educación Superior (SNE Sup.), dijo no hace mucho: «La generación joven tenía la sensación de que no quería vivir como las generaciones anteriores. Yo reprochaba a la generación de la Liberación haber dejado pasar la oportunidad de modernizar la sociedad. Tan sólo querían volver a poner las cosas como estaban. De Gaulle fue el artífice de la resistencia, de la liberación, había acabado con la guerra de Argelia, y no entendía nada de lo concerniente a la gente joven. Era un gran hombre que se había hecho demasiado viejo».`
En química es bien sabido que algunos elementos muy estables pueden provocar explosiones espontáneas cuando se los sitúa muy cerca de otros aparentemente muy débiles. Escondidos en el seno de aquella sociedad aburrida, masificada y complaciente había elementos apenas perceptibles —una juventud radicalizada con un personaje totalmente pasado de moda por líder, universidades masificadas, trabajadores descontentos, un consumismo repentino que fascinaba a unos y enfermaba a otros, grandes diferencias entre generaciones, y quizá incluso el aburrimiento mismo— que, si se unían, podían resultar explosivos.
(KURLANSKY, M., (2004): “1968, El año que conmocinó al mundo”, Barcelona: Ediciones Destino, p.p. 282, 285 y 286)
En sus distintas vertientes, el gauchisme político y el mismo debate ideológico que siguió a la rebelión estudiantil y la huelga obrera, se diluyeron con relativa facilidad. Después de haber sido sobrevalorado, el izquierdismopos68 fue desconsiderado y casi denigrado. Eso mismo hizo que al filo de los años, al ritmo de la conmemoración, los sucesos de mayo continuaran siendo una fuente de controversia. Antiguos sesentayochistas justificaron su reconversión y los
liberales recuperaron el acontecimiento en beneficio propio. El diálogo que mantuvo Luc Ferry —situado dentro de la tradición liberal— con Castoriadis a finales de los ochenta fue significativo al respecto. Introduce, por una parte, la perspectiva histórica en la lectura de los acontecimientos y sustrae, por otra, el debate del cuadro marxista-libertario en que había quedado inscrito el 68, lo que hace posible una interpretación del acontecimiento más abierta al pensamiento liberal.
Mayo del 68 fue para Luc Ferry un movimiento individualista situado a mitad de camino entre las grandes revoluciones del siglo xix y el nuevo individualismo de los años ochenta, de signo preferentemente narcisista. Los años ochenta se acercan así a la verdad del 68 y no supondrían tanto su fracaso más manifiesto —como otros vieron. El 68 constituye, en primer término, una repetición de esas revueltas o revoluciones que no llegan (de ahí su repetición) ni a romper el sistema que rechazan ni a consolidarlo, ni a inscribirse verdaderamente en formas institucionales nuevas.
Las dos características fundamentales del individualismo revolucionario son: igualdad contra jerarquía, libertad contra tradición (el individualismo apunta a la abolición de las tradiciones y las jerarquías en nombre de la igualdad y de la libertad entendida como autonomía). Y el 68 es precisamente eso —sostiene Ferry—: la protesta y rebeldía contra todo lo jerárquico y tradicional, es un movimiento antijerárquico y antitradicional. Aun reconociendo el carácter antijerárquico y antitradicional del 68, Castoriadis, uno de los raros intérpretes del 68 que ha sido profundamente fiel hasta su muerte a lo que ya dijo en 1968, define la principal oposición a
este planteamiento.
Para Castoriadis el movimiento del 68 tuvo un carácter más político que social. Después del 68, no era posible el regreso al individualismo liberal de la sociedad de consumo —afirmaba Castoriadis entonces en La breche—. La tranquilidad —el conformismo— de la sociedad capitalista y el crédito del gaullismo habían sido destruidos; los políticos de la izquierda tradicional, desplazados; las autoridades y los valores, a todos los niveles, habían sido denunciados y anulados. «Pasarán años antes de que la enorme brecha abierta en el edificio capitalista haya sido colmada —en el caso de que pueda serlo», concluía Castoriadis a finales de 1968. El horizonte que se dibujaba entonces ante sus ojos era la sociedad autogestionaria.
Para Luc Ferry Mayo 68 no fue un movimiento político que habría fracasado, sino un movimiento social que triunfó más allá incluso de lo previsible. Para Ferry lo esencial de mayo no reside en el contenido de las utopías gauchistes sino en las exigencias puras del individualismo democrático. Ésa es la razón por la que mayo del 68 no se encarnó políticamente sino socialmente, especialmente en la formidable liberación de las costumbres que se produjo. Ésa era la verdad de mayo: si era esencial para la Revolución Francesa encarnarse en la República, no lo era para mayo del 68 encarnarse en la autogestión.
Hay que notar que los planteamientos de Castoriadis y Ferry no son del todo excluyentes. El 68 aparece impregnado de un cierto relativismo, que no es sino una evolución posible del individualismo democrático, que viene a radicalizar el proceso de atomización de lo social. La ausencia de verdades madres favorece la disgregación de la comunidad. La crítica de las tradiciones hace aflorar como consecuencia una cultura de la autenticidad donde el ser uno mismo en su propia singularidad se convierte en el valor supremo. Frente a la norma exterior, sea cual sea, se reivindica el derecho a afirmar la diferencia, sea cual sea. Desde esta perspectiva, la expresión cuenta más que el contenido expresado, el hecho de tener opiniones más que las opiniones formuladas, y las normas de vocación universal desaparecen en beneficio
de los particularismos.
Es la guerra contra la uniformización y la cosificación. Pero lo que se rompe en ese empeño no es solamente el tejido social, sino la posibilidad misma de comunicación en el espacio público, si se tiene en cuenta que los juegos de discusión no deben tener como simple objetivo la expresión de las opiniones sino su confrontación. Así —y por paradójico que pueda resultar respecto a la atmósfera vivida del 68— al conformismo derivado de los grandes dogmas ideológicos de la guerra fría y de su coexistencia pacifica con el crecimiento económico, se opone un relativismo que acabará generando un nuevo conformismo, una nueva actitud conformista: la instalación en el presente sin mayores expectativas de futuro. El sentimiento sustituye a la razón. El sentimiento que activa la imaginación, sí, pero que finaliza por arrumbar
la utopía entendida como exaltación del poder transformador de la razón. La obra,
las consecuencias del 68 se vuelven así a la postre contra la doctrina del profeta
Marcuse.
Desde esta perspectiva no tiene excesivo sentido la discusión sobre las fuentes intelectuales del 68. Seria falaz establecer un vínculo entre los acontecimientos y una constelación de intelectuales en el fondo extraña a esos hechos como Althusser, Bourdieu, Lacan, Foucault, Derrida o Deleuze. Castoriadis subrayó a finales de los ochenta este aspecto por más que Luc Ferry no haya dejado de precisar el pensamiento del 68, la relación de esos autores con el movimiento, aunque sin pretender establecer un vinculo de naturaleza causal (38). Mucho antes que con la filosofía, se puede establecer una relación entre el cine y el 68.
Régis Debray —alumno de Althusser, guerrillero del Che y en los noventa colaborador de Mitterrand— anunciaba antes del 68: «después de los antiguos de Verdun, Mathausen e Indochina, nosotros seremos los excombatientes de la Filmoteca». «El dolor que sufrimos permanece en el cine y, por tanto, en silencio», manifestaba a su vez Godard. El cine ha sido el reino de este mundo para una generación. Un mundo más real que el discurso de los políticos, que la crítica de la oposición. La ficción del cine se antojaba terriblemente verdadera. El gran ojo del cine —había sentado Morin— eleva lo real e irreal, el presente y lo vivido, el recuerdo y el sueño, a un mismo nivel, el nivel del imaginario, tan mitómano como lúcido (39). El cine
fue un consuelo mayor, a la espera de la revolución.
Malraux, en aquella conversación que mantuvo con Max Torres durante los sucesos de mayo, comentó: esto del 68 no es una revolución, las revoluciones no se hacen con imaginación sino con organización y con armas; esto es una película o, más bien, el ensayo general para una película.
El 68 fue, es verdad, una generación de izquierdistas cinefilos.
SÁNCHEZ-PRIETO, J.M., (2001): “La Historia Imposible del Mayo Francés”. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº112

La policía arrancaba los carteles de las paredes. Los coleccionistas no tardarían en hacerlo también, y empezaron a venderse ediciones pirata, lo que enfureció a los estudiantes de arte. «La revolución no está en venta», diría Jean-Claude Leveque, uno de los estudiantes de arte. El atelier rechazó una oferta de setenta mil dólares de dos grandes editoriales europeas.
En otoño, tanto el Museo de Arte Moderno como el Museo.judío de Nueva York celebraron exposiciones con las obras del atelier. La exposición del Museojudío se titulaba Contra la pared, utilizando una vez más la omnipresente frase de LeRoiJones.’
Mientras De Gaulle enfurecía al resto del mundo, una encuesta elaborada a principios de marzo por el periódico conservador francés Le Figaro mostró que el 61 por ciento de los franceses aprobaban la política exterior del presidente, mientras que tan sólo el 13 por ciento la desaprobaba. Por supuesto, no tener buen concepto de De Gaulle podía resultar complicado en Francia, tal como comprobó el respetado periodista Francois Fontievielle-Alquier cuando acabó ante los tribunales en marzo de 1968 por una ley de ochenta y siete años de antigüedad que castigaba las críticas al presidente. La acusación citó doce pasajes del nuevo libro del periodista, Re-Learn Disrespect, que atentaban con «ofensas al honor» contra el presidente de la República. La ley, aprobada el 29 de julio de 1881, preveía penas de cárcel de hasta tres años o multas desde los 100 a los 300.000 francos, por «infracciones» en forma de «discursos, gritos, amenazas en lugares públicos, textos escritos, artículos en la prensa».
Desde que De Gaulle fue investido presidente, esa ley se había invocado trescientas veces. En una ocasión, se multó a un hombre con quinientos francos por gritar «¡Retírese ya!» cuando pasaba el coche en que viajaba De Gaulle. […]
Francia recurrió a De Gaulle para que pusiera fin a la crisis argelina, no para que reformara el Estado francés. Pocos monarcas modernos y ningún jefe de Estado democrático han disfrutado del grado de poder absoluto que De Gaulle garantizó por Constitución al presidente de la Quinta República, que, en un futuro inmediato, sería él mismo. El presidente tiene el derecho de disolver el Parlamento, ya sea a través de la convocatoria de un referéndum o mediante decreto. El presidente también redacta la agenda de la legislatura, decide qué proyectos de ley se debatirán y qué versiones de esos proyectos. Puede bloquear propuestas de reducir impuestos o de aumentar el gasto. Si un presupuesto no se aprueba en setenta días, el presidente tiene derecho a decretar otro. […]
A mediados de los sesenta, los precios estaban subiendo en Francia y el gobierno creía que la inflación amenazaba la economía. El repentino crecimiento de población debido a la inmigración de alrededor de un millón de norteafricanos contribuyó a la subida de precios. El desempleo también empezó a crecer.
En 1967 el gobierno decretó una serie de medidas destinadas a combatir los problemas económicos. A la clase trabajadora le dio la sensación de ser el objetivo de semejantes medidas. Los salarios se mantuvieron bajos, y la contribución de los trabajadores a la seguridad social subió a causa del coste añadido que supuso que los trabajadores agrícolas pasaran a cotizar. Un 1 de mayo lluvioso volvió a celebrarse, tras quince años de ausencia, la tradicional manifestación.
(KURLANSKY, M., (2004): “1968, El año que conmocinó al mundo”, Barcelona: Ediciones Destino, p.p. 276, 281, 284)
“Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.”
Ismael Serrano, “Papá Cuéntame Otra Vez“
Los carteles de aquellos eventos de 1968 soy hoy un símbolo de aquellas revueltas, de aquella revolución frustrada. Muchos convertidos en piezas de coleccionista, puro objeto de tráfico, no por ello pierden su directa crítica, denuncia, revindicación y exigencia. Esperanza.


Fuente: 29 affiches de mai de 68

“1968 es el año en que el Presidente Díaz Ordás de Méjico lanzó a la policía contra los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas Tlatelolco. Mató tal vez a 300. las cifras oficiales solo contaron 35 y decapitó el movimiento juvenil. Es el año en que la contrarrevolución de los EEUU asesinó a Martin Lutero King, el 4 de abril y a Robert Kennedy el 5 de julio, y eligió a Richard Nixon, presidente en las elecciones de noviembre. Y el año que ve como De Gaulle va siendo cercado por la derecha, por la reacción que le reprocha su debilidad y su incomprensión de los fenómenos de mayo, hasta su responsabilidad por haber permitido una sociedad capaz de ese alzamiento, y le obligará a dimitir al año siguiente, falto ya de consenso y de poderes reales. El año de las grandes manifestaciones juveniles de Alemania Federal, en el que se lanza la figura de Rudi Dutschke y comienzan a emitirse ideas anarquistas, como recuperación de un pasado perdido y desprestigiado: dejarán, hasta hoy, huellas de antiestalinismo, en la izquierda no establecida. Y la primera huelga general en Roma, desde 20 años antes, que comenzaría una serie de acciones sindicales incesantes. El año en que el dictador fascista Salazar, entro en coma, fue sucedido por Caetano, los estudiantes se lanzaron a la calle, se vio la imposibilidad de la guerra de Angola que arrancó la agitación que llevó a la “Revolución de los Claveles”, de la que hoy ya no queda más que la nostalgia de lo que no pudo ser. Y en el que se empezó a saber que hay contestatarios o disidentes –según la palabra acuñada- dentro mismo de la Unión Soviética, capaces de manifestarse contra la invasión de Checoslovakia y de preparar su lucha contra la dictadura: augures, también, de los tiempos por venir.”
(HARO TECGLEN, E. (1988): “El 68: Las revoluciones imaginarias”, Madrid, Ediciones EL PAIS S.A. / AGUILAR, p.p. 74-75
De lo acaecido aquellos días en las calles de París, las fotografías dan fe de testigo inquebrantable. Una muestra de ellas debajo de estas líneas: algunas de ellas anónimas (primer bloque), otras del fotógrafo Michel Baron (segundo) y otras inéditas (tercero).
Muchas más fotos del 68 francés aquí (Magnum), aquí y aquí (Jean Claude Seine)

http://membres.lycos.fr/mai68/photos/index.htm http://dhost.info/photocanon/mai68 http://www.photos-mai68.com/index.php?x=browse http://www.magnumphotos.com/Archive/C.aspx?VP=XSpecific_MAG.ExhibitionDetail_VPage&pid=2TYRYDKUU22I http://brownsoundclothing.com/sla/blog/6868/6868.html

